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En un movimiento urgente, Olmedo López, el exdirector de la UNGRD, busca que un juez frene en seco su traslado a la temida cárcel La Picota. Su defensa, actuando con celeridad, ha solicitado una audiencia ante el Juzgado 35 de Control de Garantías de Bogotá. ¿El objetivo? Revocar una controvertida decisión del Inpec y, con ello, restablecer su permanencia en una guarnición militar, tal como se había dispuesto previamente por la justicia.
La defensa de López, liderada por el abogado José Moreno, ha acudido a los estrados judiciales después de que el exfuncionario y Sneyder Pinilla fueran trasladados desde un centro penitenciario militar. La petición no solo busca suspender los efectos de la resolución del Inpec, emitida el 6 de octubre, sino también que se revise judicialmente la situación, buscando la restitución de su lugar original de reclusión.
El argumento central de la defensa es claro y contundente: la ubicación anterior de López en una guarnición militar respondía a graves riesgos para su vida. Estos peligros, según su abogado, se derivan directamente de su colaboración activa con la investigación por presunta corrupción en la UNGRD. De hecho, en una audiencia celebrada en 2024, el juez que llevaba el caso ya había advertido sobre el significativo "poder de personas interesadas en impedir que avanzaran las declaraciones y las líneas de investigación" relacionadas con el escándalo.
Desde la otra orilla, el Gobierno Nacional ha salido en defensa del traslado. Lo considera una parte fundamental de su política contra los privilegios carcelarios. El presidente Abelardo de la Espriella ha sido enfático en su postura. En una declaración pública, el mandatario sostuvo: “Aquí nadie tiene corona y nadie está por encima de la ley”. Es una posición que resuena con la búsqueda de equidad en las condiciones de reclusión para todos los ciudadanos.
La controversia pone en relieve un dilema complejo: la necesidad de garantizar la igualdad en las condiciones de reclusión versus la imperiosa obligación de proteger a aquellos que colaboran con la justicia. Ahora, la pelota está en el campo de las autoridades competentes, quienes deberán determinar cómo equilibrar ambas obligaciones y cuál es el verdadero alcance de la orden judicial previa en este delicado caso.