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El panorama político del Tolima de cara a las elecciones de 2027 comienza a dibujar nuevos escenarios. Un nombre que resuena con fuerza, capaz de reconfigurar alianzas y expectativas, es el del congresista Carlos Edward Osorio, cuya posible aspiración a la Gobernación del departamento ha desatado un doble debate: uno jurídico, que pone en cuestión su habilitación para el cargo, y otro político, mucho más intrincado, sobre su real capacidad para erigirse en una alternativa a los bloques dominantes que hoy disputan el control regional.
Antes de sumergirse en la arena electoral, surge una pregunta ineludible: ¿Carlos Edward Osorio se encuentra inhabilitado para aspirar a la Gobernación? La respuesta, lejos de ser sencilla, se mueve entre interpretaciones legales complejas.
Expertos en derecho constitucional plantean que, ante la existencia de dos lecturas posibles de una norma —una que valida y otra que impide una candidatura—, la primera debería prevalecer si cuenta con sustento. En este caso, la discusión gira en torno al régimen de incompatibilidades de los congresistas y las condiciones que deben cumplirse para que un legislador dimita de su curul y, posteriormente, compita por un cargo de elección popular territorial.
Es fundamental comprender que esto no implica una autorización automática ni que cualquier renuncia garantice una candidatura. Más bien, significa que el debate jurídico dista de estar zanjado, existiendo argumentos sólidos que respaldarían su viabilidad.
La sentencia C-080 de 2026 ha sido un punto de particular confusión. No obstante, distintas lecturas sugieren que esta decisión se enfoca en dignatarios que renuncian para aspirar al Congreso, limitando sus efectos a futuras elecciones legislativas. El propio fallo, según esta visión, restringe sus alcances a comicios del Congreso posteriores a su comunicación. El punto clave es que, según esta visión, el fallo no necesariamente cerraría la puerta a que un congresista actual dimita para competir en las elecciones territoriales de 2027. Este es, sin duda, un aspecto que los interesados deberán analizar con lupa.
Otra pieza fundamental del rompecabezas reside en el artículo 181 de la Constitución Política, que aborda las incompatibilidades de los congresistas. La interpretación jurídica expuesta señala que, en caso de renuncia, ciertas incompatibilidades podrían persistir hasta por un año después de su aceptación, dependiendo de las circunstancias específicas de la norma. Según esta interpretación, la renuncia con el tiempo adecuado permitiría a un congresista asumir el cargo de gobernador o alcalde en enero de 2028 sin incurrir en dicha incompatibilidad. Es precisamente en este punto donde la teoría jurídica aterriza en el campo de las decisiones políticas.
No es un escenario completamente inédito en Colombia. Casos como los de Jorge Rey, quien posteriormente fue gobernador de Cundinamarca, y Yamil Arana, actual gobernador de Bolívar, son citados como antecedentes de figuras que transitaron por el Congreso antes de alcanzar una Gobernación. Sin embargo, cada elección posee sus particularidades jurídicas y electorales. Estos ejemplos sirven como referencia política, pero no garantizan la viabilidad legal de una eventual candidatura de Osorio.
Suponiendo que el camino legal se despeje, emerge una pregunta aún más difícil: ¿cuenta Carlos Edward Osorio con la fuerza política necesaria para concretar una candidatura? Su eventual postulación representaría un atractivo evidente para aquellos que buscan evitar la polarización entre el barretismo y el petrismo. Una tercera opción podría movilizar votos independientes, sectores inconformes y dirigentes que prefieran construir una alternativa por fuera de los dos grandes bloques tradicionales.
Pero una cosa es identificar un espacio político y otra muy distinta es ocuparlo. Osorio debería demostrar una capacidad real para edificar una estructura departamental sólida, sumar dirigentes de peso y convertir los respaldos individuales en una fuerza capaz de competir eficazmente en los 47 municipios del Tolima.
El escenario tampoco resulta sencillo dentro del propio Centro Democrático. Aunque la colectividad ha tenido un peso electoral significativo en la región, también ha enfrentado disputas internas y dificultades para consolidar sus apuestas políticas. Su campaña previa enfrentó obstáculos para consolidar una lista y forjar alianzas que, en gran medida, respondieron a coyunturas electorales específicas. La gran incógnita es si esos apoyos podrían replicarse en una elección departamental, pues las alianzas funcionales para llegar al Congreso no siempre garantizan el triunfo en una Gobernación.
La política municipal también forma parte esencial de esta ecuación. La relación entre la administración de la alcaldesa Johana Aranda y diversos sectores del Centro Democrático ha tenido momentos y acuerdos políticos fluctuantes. Entre ellos, se ha mencionado un compromiso alrededor de David Buitrago y la presidencia del Concejo de Ibagué.
Estos movimientos son relevantes porque la carrera por la Gobernación no se construye únicamente desde una campaña departamental. También depende intrínsecamente de las relaciones tejidas en Ibagué y en los municipios, de la adhesión de concejales, diputados, alcaldes, dirigentes y las estructuras que finalmente decidan dónde depositar sus votos.
Aquí radica el punto político de mayor interés: si Osorio decide competir, su candidatura no solo buscaría la Gobernación, sino que podría alterar profundamente los cálculos de quienes hoy se sienten seguros en el camino. Una tercera candidatura fuerte tiene la capacidad de fragmentar el voto de los bloques tradicionales, forzándolos a negociar y modificando alianzas que parecían inamovibles. No obstante, también existe el riesgo contrario: que la denominada "tercera vía" termine atomizando el voto independiente, facilitando así la victoria de uno de los dos grandes sectores.
Por ello, Osorio tendría que responder una pregunta mucho más compleja que la jurídica: ¿puede realmente convertirse en una alternativa genuina o su presencia se limitaría a ser un candidato más en una contienda que terminarán definiendo las estructuras políticas tradicionales?
Por ahora, asegurar que Carlos Edward Osorio está inhabilitado iría más allá de lo que permite la interpretación jurídica expuesta. Del mismo modo, sería prematuro afirmar que su candidatura está garantizada.
Lo que sí existe es una discusión jurídica que amerita un análisis riguroso y, sobre todo, una posibilidad política que podría generar incomodidad entre quienes ya han hecho sus cuentas. Porque si Osorio decide dar el paso, la elección de 2027 podría dejar de ser una disputa entre dos grandes bloques. Podría transformarse en una contienda a tres, y en política, la irrupción de un tercer jugador con capacidad para disputar votos hace que las cuentas, que antes parecían cerradas, deban rehacerse desde cero.
La relación política entre la alcaldesa Joana Aranda y Carlos Edward Osorio, al parecer, ha entrado en una fase de mayor distanciamiento. Tras la reelección de Osorio a la Cámara, donde superó los 25.000 votos y se consolidó como uno de los principales barones electorales de Ibagué, comenzaron a manifestarse diferencias en torno a decisiones de la administración municipal, como el cambio en la Secretaría de Ambiente y Gestión del Riesgo. A esto se suma la versión de que Aranda habría ofrecido al Centro Democrático la Presidencia del Concejo para el último año de gobierno, pero ahora estaría explorando un acuerdo con Miguel Barreto para que Víctor Ortiz, cercano al sector barretista, ocupe ese cargo.
Un posible acercamiento entre Aranda y el barretismo alteraría el ajedrez político de cara a la Gobernación del Tolima. Resulta paradójico que los conservadores, quienes en 2023 fueron rivales de Aranda y apoyaron a Jorge Bolívar, hoy avancen en acuerdos con la administración municipal, mientras que sectores que contribuyeron a su llegada a la Alcaldía podrían quedar en una posición diferente. En este escenario, Osorio enfrentaría mayores complejidades para consolidar una opción alternativa, especialmente si Aranda opta por impulsar conversaciones con el barretismo alrededor de Cristian David Ávila, en lugar de respaldar una candidatura como la de Andrés Fabián Hurtado.
No obstante, esa eventual alianza tampoco estaría garantizada. Figuras como la gobernadora Adriana Magali Matiz, Alexander Castro y el propio Carlos Edward Osorio, junto a otros sectores políticos cercanos a Aranda, podrían colisionar con un pacto ya establecido entre arandismo y barretismo. Por ello, la carrera apenas comienza: Osorio no solo debería despejar el debate jurídico sobre una eventual candidatura, sino también demostrar que puede construir una fuerza política propia y traducir su importante votación en Ibagué en una verdadera alternativa departamental.